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martes, 1 de julio de 2014

EL BARRO, TAPIAL Y ADOBE. OTRA FORMA DE CONSTRUIR.


BARRO, TAPIAL Y ADOBE, OTRA FORMA DE CONSTRUIR.
En el paisaje de muchos pueblos de Castilla todavía hoy podemos descubrir las paredes de tierra que se levantan delimitando corrales, lagares, palomares, pajares, casas y otras edificaciones.
Este material es empleado de tres modos distintos en esta zona y en particular en Sanzoles.
Los tapiales, paramentos de tierra amasada con tierra, arcilla y arena, incluso cantos rodados,  convenientemente compactada en el interior de un encofrado de madera.
Con unas dimensiones aproximadas 2,50m de largo y 80cm de altura, las puertas (denominadas así por su forma y aspecto) los costales, en número de tres por cada puerta (situados a los costados del muro), las agujas, piezas que atraviesan el muro arriostrando una puerta con la otra manteniendo el grueso establecido, con diferentes tamaños ojales o muescas para poder variar el espesor de la pared, en función de su destino, estrechándola a medida que subimos de altura o planta. Se denominaban así probablemente por su efecto de coser los tableros al muro y su forma al exterior de cabeza de aguja metálica. Por último el tórtolo o torniquete, situado en la parte alta de los costales, cuerda trenzada en forma de lazo que une las dos cabezas de los costales y se aprieta mediante una pieza de madera que retorcida en el centro aproxima  las puertas lo necesario por mediación de los costales,  para que permanezcan verticales y equidistantes. El elemento de madera del torniquete se atraviesa y se sujeta a los lados para evitar que se afloje.  Las tres agujas inferiores sirven para el apoyo de las puertas y aseguran los costales.
En la parte superior se colocan otras tres que hacen de separadores para evitar que el encofrado se cierren hasta que esté lleno y seco, y servirán para el apoyo de las puertas en el siguiente nivel.  Cada tapial se coloca contrapeado matando la junta de los dos inferiores, configurando grandes bloques de barro trabados. Las esquinas casi siempre son de piedra, ladrillo o adobes, en raras ocasiones de tapial, por la difucultad que entrañan.


El arranque del muro se debe hacer sobre un zócalo de piedra. Además de una pequeña caja en el terreno para empotrar y asegurar algunas piedras jarreñas, se levanta, con el espesor del futuro muro de barro, un zócalo de 50 a 80cm de piedra en mampuestos bien trabada y acuñada con querencia hacia el interior de la edificación. Sobre este murete se coloca los primeros encofrados.
El barro muy amasado con agua hasta conseguir una consistencia uniforme y dócil, se vierte en tongadas de entre 15 y 30cm bien extendido, evitando cualquier defecto de relleno, además se compacta con el pisón para conseguir una masa homogénea y de aspecto uniforme, lo que le confiere resistencia y mayor durabilidad. Los pisones eran con forma afilada o de cuña, para hacer penetrar el barro en las zonas inferiores, y cilíndricos o troncocónicos para compactar una capa regular, todos con un mango de 120 a 150cm que permite levantarlo y dejarlo caer con precisión al operario desde la posición erguida.

Amayuelas de Abajo. Palencia. Encofrado actual para el tapial.

Cuando el encofrado se elimina a los pocos días, se sacan las agujas inferiores para poderlas reutilizar en la siguiente tramada. Las colocadas de separadores en la parte supuerior ahora serán las inferiores de nuevo nivel. Los huecos producidos se emplean para apoyar los andamios de palos sobre los que trabajan los operarios y finalmente, antes de aplicar el acabado de la pared, se tapan. 


Tapia en Sanzoles.

El acabado superior de todo tapial siempre tiene que ser impermeable, garantizando que el agua de lluvia no pueda alcanzar la tapia terminada, la reblandezca y desmorone.
En el paramento, además de revestido de barro, también se empleaba en mortero de cal y arena, em ambos casos, cuando existen oquedades fuertes se colocan tejones, fragmentos de teja o incluso ladrillo para reducir el espesor del mortero o barro que si supera los dos centímetros se resquebraja y despega del soporte al poco tiempo.


Pared de lagar con zócalo de mampuesto, esquinas bajas de sillería y altas de ladrillo y muro de tapial.
En Sanzoles, y otras localidades próximas se remataban las edificaciones con una cubierta volada sobre las paredes, y en las tapias con la albarda. De ésta procede el término utilizado muy comúnmente hoy de albardilla. La albarda se realizaba, en zona de viñas, con varas de vides que duplicaban el ancho de la pared (si la pared era de 40cm, las varas de 80cm) volando hacia ambos lados. Sobre estas vides ligeramente curvadas hacia abajo se formaba un lomo de perro o remate curvado con barro fuerte y piedra que impedía que la albarda se moviera.


Quedan todavía algunas calles en las que todas sus paredes son de barro presentando una riqueza de texturas que integra los edificios con el color terroso, esta tapia ha perdido su albarda y se deshace.
Ésta permitía que el agua de lluvia escurriera por las varas hacia el exterior y cayera al suelo lejos del muro, manteniendo la pared lo más seca posible. La zona baja, más salpicada resistía gracias a su construcción de piedra.
La albarda también la he visto construida con ramas de encina, al tratarse de leña, los inviernos pudrían las varas y con pequeños roces o por las inclemencias las albardas se demolían. Los varizos de encina son más longevos.  Era necesario recomponerlas en la primavera, de lo contrario empezaba a deshacerse el tapial.  La teja, configurando un tejadillo, generalmente a dos aguas también evita el deterioro, por los mismos motivos requere reparación, en la foto vemos una zona en buen estado que cumple su función y otra deteriorada que ha dejado de resguardar el muro.    Algunas tapias se dejaban con la huella del encofrado vista pero la mayoría se revestían con un enlucido de barro al tapar los huecos de las agujas, denominado trullado, embadurnado de barro con paja aplicado con paleta para conferir una textura uniforme de color y textura, muy agradable a la vista que revestía incluso el zócalo de mampuestos unificando el conjunto.
Pared de un pie de espesor de adobes revocada.
En las construcciones más cuidadas el tapial se marcaba con berdugadas de ladrillo, hiladas de uno a tres ladrillos.


 Los adobes, piezas prismáticas a modo de ladrillos de tierra cruda a los que se añadía paja trillada para darle mayor resistencia. Se realizaban con un molde de pequeño tamaño denominado gradilla o mecal. En Sanzoles el  término más empleado era gradilla. En casi todas las casas, en los desvanes existía un molde para realizar adobes. A pesar del interés de algunos estudiosos por unificar su tamaño, podemos ver diferentes formatos. Si el tamaño del adobe es mayor se aguanta más a levantar las paredes pero su peso es muy superior y un adobe debe ser manipulado con una sola mano para dejar la otra libre para extender el barro.

Gradilla de forja para dos adobes , la mayor parte de ellas eran de madera.

Si es muy pequeño es más débil, en la manipulación desde la recogida seco en la era, hasta su colocación recibe multitud de golpes y puede romperse. Se recogía barro de un terreno arcilloso o del “barrero” que existía en casi todos los pueblos, también en Sanzoles. Se amasaba bien y mucho el barro para conseguir una pasta uniforme en su conjunto, se vertía en la era sobre la gradilla, se apretaba a mano llenando bien el molde, se enrasaba y se retiraba, untado con arena para evitar que el barro se pegue.  La elaboración de adobes era un trabajo muy común que requería mucha mano de obra todos los años.

Pared de adobes y apoyo de viga de carga con su remate de cubierta en ladrillo.
Los adobes se empleaban preferentemente para completar los tapiales, recrecidos de paredes, reformas y reparaciones, estos trabajos siempre eran necesarios para el mantenimiento y la adaptación a las necesidades del campo. Incluso se construían cochiqueras de tapial. El cemento no se empezó a utilizar en esta comarca hasta bien entrados los años 50.
Los adobes se asentaban con barro y se repellaban con el mismo material unificando el acabado y aspecto con los tapiales.  Sobre estos revestimientos se aplicaba también encalados. El encalado añadía una mayor protección contra el agua a los muros. Las paredes de gran altura no estaban suficientemente protegidas con los aleros o las albardas y en las zonas bajas se mojaban y reblandecían desmoronándose. En las reparaciones era muy común, además de tapar con barro los desconchones o descarnados, encalar la pared para impermeabilizarla. Este trabajo también requería mantenimiento.
Haciendo adobes en Amayuelas. Palencia.
He visto hacer adobes pero nunca pude ver levantar un tapial en Sanzoles.  Se trata de una técnica de construcción milenaria, existe tapial y adobes desde los países más alejados de África hasta los situados al norte de Europa.
Ilustración antigua de la India donde vemos los útiles y el sistema semejante al actual.
Material disponible, de distintas características pero accesible y reutilizable. Muy ecológico. La energía necesaria para su manipulación y puesta en obra es la que aporta la mano del hombre. Las paredes de barro acumulan el calor durante los días cálidos del verano y lo desprenden con la frescura de la noche actuando de regulador de temperatura de forma efectiva. En invierno aporta calor a las casas habitadas en los días más crudos.
Los revocos de barro.  Protegen los muros de tapial o adobe, le dan uniformidad en textura y color.

Pared de tapial, revocada de barro en buen estado gracias al alero.

Junto con la piedra arenisca, ya tratada, el barro con sus variantes, supone el material más empleado en la construcción popular y en particular en Sanzoles, su comarca y otras limítrofes como la Tierra de Campos y gran parte de Castilla y León. 

Pared de tapial revestida de barro reparada recientemente con mortero de cemento.

 Aporto unas muestras que se mantienen a pesar de su abandono. Hasta hace pocos años algunos ancianos reparaban puntualmente sus casas haciendo un poco de barro.  Sin mantenimiento sorprende como aguantan el paso de los años. Muchos muros son centenarios pero mientras se mantengan a plomo y cubiertos perdurarán más que nosotros.

Esquina redondeada para proteger el muro facilitando las maniobras en calles estrechas.

Cuando tras un invierno húmedo vemos alguna pared inclinarse por haberse reblandecido su base podemos predecir que son pocos ya los que le quedan para volver a ser tierra. Por cierto estos escombros en un pueblo no requieren “gestión de residuos”, dicen los viejos que esta tierra que ha permanecido infértil muchos años es la mejor para  añadir  a los huertos.
El interior de las viviendas también se revocaba con barro y se encalaba de suelo a techo. Vemos el interior de una vivienda derribada y las paredes revestidas.

Los pocos muros que permanecen en pié le aportan el color de siempre estos pueblos, integrándo las edificaciones con la tierra, suavizando las aristas, redondeando los volúmenes que envuelve, colaborando con el paisaje.

Para no hacer más extensa la entrada, a los interesados les recomiendo la lectura de " ARTE DE ALBAÑILERÍA" O INSTRUCCIONES PARA LOS JÓVENES QUE SE DEDIQUE A ÉL" de Juan de Villanueva.  Con láminas muy ilustrativas.
Fotos propias y de Amayuelas.

lunes, 22 de julio de 2013

LA CONSTRUCCIÓN DE BODEGAS TRADICIONALES. CAPITULO 3.

EL CUERPO DE LA  BODEGA.              
Sanzoles.


La bodega deberá descender y adentrarse en el terreno hasta que sobre el cielo del cuerpo principal dispongamos de entre 6 a 7m de piedra y tierra, espesor que garantiza en estos suelos  la estabilidad de temperatura necesaria para conservar en las mejores condiciones los vinos, con cambios de temperatura mínimos (entre 9 y 12ºC).
Tengamos en cuenta que deberán mantener el vino sin estropearse durante un año o más en el caso de que los viñedos sufran heladas que mermen la cosecha.

El cuerpo de la bodega dispondrá de espacio suficiente para alojar los recipientes en los que se elabora el vino, así como para la manipulación, llenado, vaciado y limpieza de los mismos. También para la pisa, sea picada en la propia roca, de fábrica de ladrillo o recipientes para su estrujado y extracción. Dado que cada casa o familia tiene unas necesidades de producción muy dispares, encontramos bodegas desde algo más de 1 m2 con espacio casi exclusivo para varias garrafas de vidrio, hasta grandes bodegas con zonas de cubas y lagar en esta parte principal de la bodega o conjuntos de bodegas que se unieron o crecieron como si de un órgano vivo se tratara.
Sanzoles.

Es muy común que las bodegas sean el fruto de abundantes ampliaciones que las van adecuando a las necesidades del propietario productor ampliando el espacio teniendo cuidado de respetar cierto espesor de piedra entre las bodegas contiguas. Con estas premisas la forma inicial en planta en rectangular y básica, abovedada, a la que se le añaden ampliaciones al frente, nichos a ambos lados o incluso bajo la propia escalera, y por supuesto hacia abajo dándole mayor altura para alojar cubas de mayor dimensión  dejando espacio para la entrada por la parte superior de las mismas o boca y hueco inferior para las canillas y colocación del envasador, recipiente obtenido de una cuba cortada por su zona más ancha colocado apoyado sobre la rueda.
Sanzoles.

Este aumento de la altura de la bodega con posterioridad a su inicial trazado provoca que en muchas ocasiones los peldaños de la escalera se adentran en el espacio principal, al hacer descender el suelo dado que no se debe picar en el techo porque perderíamos espesor de terreno sobre ella  y debilitaríamos la estabilidad que garantiza el reparto de cargas que incide sobre el cielo de la bodega hacia los muros laterales.  
Tengamos en cuenta que la excavación del terreno favorece su pérdida de humedad y ésta va acompañada de retracciones y fisuras en muros y techo que presentan muchas.
El techo siempre curvado, preferentemente abovedado, además de soportar mejor las cargas, en momentos puntuales de filtraciones de agua se favorece el escurrido hacia el suelo y arquetas de achique evitando las goteras.

Fuentes y fotografías propias.

miércoles, 10 de julio de 2013


LA CONSTRUCCIÓN DE BODEGAS TRADICIONALES. CAPITULO 2.


LA ESCALERA.

Abierta la puerta  de la bodega, lo más común es disponer de un espacio de descanso, zona llana antes de la escalera que permite encender el elemento de iluminación para bajar, vela, carburo lámpara  de petróleo,... además de adecuar la vista al cambio brusco de luz antes de empezar a descender o posteriormente en la salida. Las más antiguas sin barandillas o agarraderos para ayudarse.
 El Cubo.


De escasa anchura, de 1 a 1,30 m.  con algunas oquedades para dejar pequeños utensilios a mano a uno o ambos lados.
 El Cubo.



Cubierta esta entrada con madera o piedra, se une con la escalera con peldaños en general poco descansados, la medida más común es de 30/33cm de pisa y de 20 a 22cm de tabica. Talladas en la misma roca con ligera pendiente que permite el escurrido de los líquidos que se vierten al subir o bajar recipientes llenos, llegando a formar regateras, desgastados en la zona de pisadas. Las escaleras tienen un número muy diverso de peldaños, los necesarios para descender por el cañón hasta el denominado cuerpo de la bodega, parte de mayor anchura donde se ubican los recipientes y se realizan las labores.



 El Cubo.


El techo de de estos espacios  inicio de la escalera descendente hasta que se adentran bajo la roca virgen suele ejecutarse de cuatro maneras fundamentalmente. La más sencilla sería con palos o maderos de mayor o menor grueso adosados unos a otros, muchas veces sin pelar la corteza, que hacen de encofrado y soporte de la piedra y tierra de tapa que la cubre.
 Cuelgamures.


La segunda solución, la menos empleada, consiste en colocar sobre una cimbra o encofrado de madera, piedras de tamaño medio, de 10 a 30 kg  preferentemente jarreña, sedimentaria con abundante sílice muy áspera y poco absorbente, colocadas a modo de cuña, de gran dureza y que abundan en los cerros del entorno.
 Villabuena.

También pueden estar colocadas varias filas a ambos lados salientes por aproximación con una pieza plana grande de tapadera. 


La tercera, la más utilizada consiste en apoyar sobre las dos mesetas laterales de la escalera dos sillares alargados uno contra otro formando ángulo de 90º en el vértice o aproximándose a él, con el apoyo inferior y el encuentro superior achaflanados en junta vertical para dificultar la entrada de agua. Piedras pareadas que conforman un techo triangular, hasta que descendiendo entramos en la zona de piedra natural en el que el techo se redondea sustentándose por el natural efecto de arco.
 Gema. 
 Guarrate.

La última solución, la más rica y escasa, consiste en la realización de una bóveda de medio punto con dos salmeres, dos dovelas y la clave, consiguiendo un techo semicircular  o bóveda de cañón inclinada con la pendiente del tiro de la escalera.
 El Cubo.




Cuelgamures.

Por supuesto el empleo de losas de hormigón, viguetas de forjado y bovedillas u otros procedimientos, si bien pueden resolver el problema (teniendo en cuenta las importantes cargas que en ocasiones soportan), modifican el aspecto original y tradicional de estas construcciones de forma importante.


 Entrada en Sanzoles.

Cuando dispone de estancias, sisas o pequeños espacios a media altura se realizan descansos, zonas planas para permitir la ubicación de otra puerta, tinajones o barricas. 
En una misma puerta podemos encontrar en el descenso dos o más bodegas, generalmente construidas por una misma familia que pasa a distintos propietarios con la colocación de nuevas puertas y sus llaves independientes.
 Sisa. Sanzoles.
Esta forma de cubrir galerías o espacios angostos la identificamos por primera vez en la construcción etrusca, en Italia en el siglo VII al V a.c. Encontramos en esta cultura antecesora de la romana, edificios funerarios con puertas y agrupación de las mismas que se asemejan mucho a las actuales bodegas.

 Tumba de Bronzeto en Populonia (Italia).

 Necropolis en Orvieto. de Cocefisso del Tuto (Italia).


En planos de planta y sección vemos como aquellas construcciones funerarias tienen la misma estructura, e incluso ventilación que muchas bodegas enterradas.
Artesa en Corneto en Volumnii, Perugia (Italia).
Imágenes de Francisco Ortega Andrade (Arcos, bovedas y techos en la construcción etrusca).  Actas del segundo congreso nacional de historia de la construcción. CEHOPU, Madrid 1996.



miércoles, 15 de mayo de 2013

LA PIEDRA ARENISCA DE SANZOLES.


Piedra arenisca de Sanzoles.

Es el material más noble de los empleados en la construcción  local. Son muchos los edificios existentes en Sanzoles del Vino realizados con esta piedra.
Los más singulares por su tamaño son el ayuntamiento y la iglesia parroquial de San Zoilo.
Ambos realizados en piedra en su mayor parte.
Sabemos que en el pago de El Culo del Mundo se ubicaban las canteras de donde se extrajeron piedras areniscas (de diferentes tipos) para levantar “Ocelo Duri”, origen de Zamora y asentamiento romano en Madridanos y Villalazán o las Contiendas,  según la revista Argutorio de la Asociación Cultural Monte Irago.
También se ubicaba el “Oppidum” Vacceo  antes de la llegada de los romanos en el Teso del Viso, según José Luis Vicente Gonzalez.
El pago denominado de las Canteras está situado cerca del Caserío de Aldeanueva.

 Bancos de extracción.

Pero la sillería utilizada en las abundantes construcciones levantadas en Sanzoles procede del  cerro de Las Llaves, al noroeste del municipio.


Como roca arenisca, es de origen sedimentario, fruto del asiento de arenas en la proximidad de antiguos terrenos fluviales.
Compuestas por cuarzo, feldespatos y filosilicatos en distintas proporciones. El cuarzo del 55 al 82%, el filosilicato  del 10 al 24% y los feldespatos del 1,5 al 15% algunos otros componentes en cantidades inferiores a éste.  La porosidad alta de 25 al 35% provoca en ocasiones que las areniscas con mucha arcilla absorban  humedad en exceso, se reblandezcan y se desmoronen. Por este motivo, todavía hoy, en Villamayor (Salamanca), piedra de composición más homogénea y estable, se sigue recomendando el oreo de la piedra extraída antes de su colocación para descartar las más endebles.
Es de tonalidad variable, desde arenosa pálida hasta rojiza terrosa cuando contiene mayores óxidos metálicos y arcillas.

La maestría de los canteros se aprecia en el abundante número de piezas talladas que podemos ver en los edificios tanto de viviendas como de uso auxiliar o agrario. Bodegas, cuadras o pajares presentan ventanas y esquinas excelentemente  talladas.
La facilidad de talla en fresco y la abundancia de este material en el entorno permitió a los maestros de obras y canteros aplicar la sillería en la solución de abundantes problemas constructivos.


 Calle de la Mañana.
Por La calle de la Mañana se adentraban los carros con la carga. La importante torre sirve de referencia. En la dirección contraria, el Camino de Moraleja y el pino (destacando en la silueta del monte) en la lejanía, era el destino de los carreteros.


Las canteras que sirvieron, según cuentan los viejos del lugar, para acarrear con bueyes desde ellas la piedra de mayor calidad, estaban situadas en el cerro denominado teso de las Llaves, en los límites del término lindando con Moraleja del Vino. Realizando una visita reciente, gran parte de los barrancos creados en la extracción han sido enterrados y encontramos restos de piezas de cantería abandondanas y abundantes escombros propios de esta labor minera.
Cortes verticales apiconados que configuran paredes mostrando el avance del tajo. Piezas prismáticas que mediante la el uso de palancas, la realización de rozas y mediante cuñas de acero se separaban del macizo rocoso y se fraccionaban. La pieza prismática abandonada y fotografiada nos permite imaginar por su tamaño el enorme esfuerzo que suponía la extracción, carga y transporte de éstas antes de verlas colocadas en su dintel, esquina o cornisa.

Sirvan estas líneas para entender el esfuerzo y la riqueza que representa el empleo de este material y el valor que tienen las construcciones ejecutadas con esta piedra que en ocasiones se  tapan, desprecian, maltratan o derriban.
  
Corte de cantera. Las Llaves.

 Cantera en el pago "Las canteras"
En este pago se extraía la piedra empleada para los zócalos, arenisca tosca poco porosa de difícil labra, está situada al este en el límite con el término de Toro junto al camino del mismo nombre.



Canteras de Villamayor (Salamanca).

Saludos.






lunes, 29 de abril de 2013

BODEGAS DE SANZOLES CAPITULO 1º


BODEGAS DE SANZOLES.


Las bodegas más tradicionales en la Tierra del Vino, y en particular en Sanzoles son la que se ubican en las afueras del pueblo, agrupadas en barrios y excavadas en lomas orientadas preferentemente al norte, evitando el sol y el calor.
Al exterior se manifiestan con una portada,  en la que destaca la puerta de acceso, y delante de ella una zona despejada que permitía la carga y descarga.
Frente a esta portada, y sobre el lomo de tierra se descubre la zarcera o “cercera” nombre empleado en la localidad.
 
 Sanzoles.


Como construcción tradicional, realizada casi siempre por los maestros de obras locales o los propios lugareños ayudados por canteros, destaca su adaptación al medio y a los materiales disponibles en el entorno.
Así, en localidades próximas vemos portadas de ladrillo o mampostería, pero en Sanzoles, hasta los años ochenta, predominaban las de sillería, en ocasiones alternada con mampuestos, todo de piedra arenisca extraída de las canteras todavía existentes en el cerro situado al norte que denominamos Las Llaves.




La fachada de una bodega tradicional es simétrica, con un umbral, marcado por un peldaño que elevado sobre el terreno exterior impide la entrada de agua de lluvia y asegura la puerta en la quicialera inferior impidiendo su apalancado.
A ambos lados dos machones sólidos, preferentemente de mayor anchura que la puerta, muro aplomado que delimita la bodega y contiene los posibles empujes de la zona posterior.
Sobre ellos el dintel, de una sola pieza, son muy escasos los adovelados, esta pieza es la mayor, de gran canto, 40 a 60cm  para soportar el peso superior y unir los dos machones dándole solidez al conjunto.
Sobre este dintel puede existir alguna hilada más de piedra pero generalmente se sitúa la cornisa. Piezas de remate, anchas que vuelan sobre el muro y proteger el conjunto escurriendo el agua de lluvia hasta el suelo sin empapar la pared. Tienen distintas formas pero siempre cumplen su función, mayor anchura y caída o goterón, de gran tamaño, y por tanto peso, para darle solidez y estabilidad al remate.
La piedra de sillería vista al exterior siempre está cepillada  y lisa. Por el contrario, al interior se mantiene el apiconado de la labra visto.
La entrada está delimitada a ambos lados por los árboles, piezas muchas veces monolíticas de gran tamaño, en otras ocasiones en tres piezas con una horizontal travesera que une y traba la puerta con las piezas de piedra contiguas. Estas jambas, a ambos lados de la entrada tienen el plano de la  mocheta, de unos 20cm, perpendicular plano de la fachada. El rebaje o retranqueo, rincón de unos 10cm en el que se apoya la puerta, y la caída, chaflán o abocinado hacia el interior que amplía el hueco permitiendo que la puerta abra más de la escuadra facilitando su escondido para no interrumpir el paso.
La puerta siempre era de madera, de una hoja, con ancho suficiente para el paso de los tinajones de barro o cubetos de madera de 12 cántaros los más comunes, con cerradura a la derecha y apertura a la izquierda preferentemente. Apoyada en la zona inferior con quicio unido a una escuadra de refuerzo realizada en hierro forjado. El canto de la puerta redondeado para facilitar el giro con el mayor ajuste a la jamba. En el suelo una pieza de hierro forjado cuadrada de 5 a 6cm de lado y 1cm de grueso, la quicialera. En la parte superior un cargadero de madera dura y casi siempre de encina, situado inmediatamente detrás del dintel, con una perforación o taladro de 8 a 10cm de diámetro y las mismas dimensiones de profundidad, en el que se introduce  el larguero de la puerta, también cilíndrico que permite el ajuste y  el giro. Sobre este cargadero otro posterior de refuerzo y fábrica de mampostería encima que actúa de lastre para evitar que se desplace o levante.
 Cargadero de puerta.
La hoja estaba construída con dos largueros verticales  y tres traveseros horizontales, el superior, el inferior y uno intermedio, ensamblados con caja y espiga o a media madera, sobre ellos las tablas y contratablas, las primeras encajadas en los largueros, a media madera o con caja y espiga, las contratablas sobre ellas, en relieve a matajunta, permitiendo la dilatación de la madera sin desencajarse, fijada cada una de ellas con dos clavos de foja sobre cada travesero.
La puerta debe tener ventilación, una zona abierta en la zona alta enrejada generalmente en vertical, algunas veces con barrote horizontal, de hierro o de la misma madera con un nuevo travesero. En la zona baja, cuando se emplea para almacenar alimentos se disponía una gatera para controlar los roedores. Estos huecos facilitan la entrada de aire y la regulación de la humedad ambiente del interior de la bodega.
Entrala.
 La Boveda.

Por último la cerradura, de forja, de gran tamaño con llave proporcionada, importante cerrojo pasador que corre hacia la jamba de la puerta y se introduce en el rebaje de la piedra, asegurando el punto de fijación con una pletina vertical de forja que evita que el pasador desgaste la piedra arenisca y adquiera excesiva holgura. La cerradura colocada adosada por la parte interior, con seguro que impide el retroceso del cerrojo sin la introducción de la llave.
Sobre la portada protegiendo la entrada, cuando la bodega está excavada en ladera, se configura un cerro. Tapado el techo con rollizos encina,  álamo o negrillo o piedras colocadas a dos aguas, se rellena con tierra, preferentemente arcillosa que con ligera humedad se expande y hace impermeable. Cuando la parte posterior está al mismo nivel que la puerta se cubre con cubierta, realizada con losas pesadas, en ocasiones de pizarra que protegen y vierten el agua a ambos lados de la bodega hacia las zonas de desagüe.
 El Perdigón.
 Jambrina.



Es la voluntad del autor de esta breve reseña la estima de las bodegas actuales por parte de sus propietarios y  vecinos y el respeto hacia estas construcciones que aun cambiando de uso, deberían permanecer con idéntico aspecto, evitando todas aquellas intervenciones y usos de  materiales modernos, ajenos y estridentes que desfiguran y empobrecen hasta destruir un patrimonio popular y tradicional que demostraba la riqueza y saber hacer en la elaboración de vino.
 ¿Qué dirían nuestros abuelos si vieran lo que estamos haciendo con las bodegas?.