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martes, 8 de marzo de 2016

LOS REVOCOS DECORADOS Y ESGRAFIADOS


LAS FACHADAS. ROSTRO DE LOS EDIFICIOS.

 Rua de los Notarios. Zamora.

En las visitas a  las ciudades de Castilla y León y otras muchas de la Península nos encontramos con edificios revocados con decoración trazada en bajo relieve de gran valor decorativo. Muros levantados con materiales no aptos para ser vistos como el tapial, los adobes, las mamposterías o combinaciones diversas de ellos, producto de múltiples obras de reparación, reforma o ampliación, terminan revocados con morteros de cal, y su lento fraguado permite la ejecución de trabajos gráficos que personalizan los muros y enriquecen las calles de los cascos urbanos de las ciudades o municipios. No sólo los edificios de piedra o ladrillo rústico son hermosos y dignos de admiración, éstos otros compiten en belleza, complementan y colaboran en la configuración de los cascos históricos.

Si alguno está interesado en conocer cómo se realizan estos revocos decorativos y esgrafiados dejo un enlace en el que podéis descargar un trabajo reciente sobre estos revestimientos en la ciudad de Salamanca.

Espero que a los curiosos de la construcción les guste.



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Los revocos decorados y esgrafiados: el caso de la ciudad de Salamanca

Título:Los revocos decorados y esgrafiados: el caso de la ciudad de Salamanca
Autor:Puga Oribe, Luis
Resumen: [ES]El trabajo estudia la utilización de los tradicionales revestimientos de mortero en la decoración exterior de las edificaciones de la ciudad de Salamanca. Analiza los materiales, técnicas y motivos y los compara con los desarrollados en otras regiones españolas. Examinando diversas fuentes gráficas, planos y fotografías realiza un breve inventario de los revocos más representativos.
[EN]The paper studies the use of the traditional mortar coverings on the outside decorating of some buildings in the city of Salamanca (Spain). It analyzes the materials, the techniques and he patterns and compares them with those developed in other Spanish regions. By examining several graphical sources, plans and photographs it makes a brief inventory of the most representative ones.
Descripción:Trabajo de Fin de Máster en Estudios avanzados en historia del arte. Curso
URI:http://hdl.handle.net/10366/125842
Fecha:2013-06

sábado, 8 de junio de 2013

CAMPANAS DE LA IGLESIA DE SANZOLES.

Campanas función y significado.
En Sanzoles cada domingo las campanas suenan con energía llamando a misa.
Un sistema de comunicación que llega a  todos los vecinos del pueblo, incluso a los que se encuentren en el campo. Sus toques se deberían escuchar desde la totalidad del término.


Con sonido  identificable, se tañen con exclusivos “toques” para cada acontecimiento.
 


Nola o Signun, fueron algunos nombres de las campanas en la antiguedad.
Los monjes desde el siglo VII emplean para llamar a sus rezos múltiples tipos de campanas,  para defenderse de los temporales, o  los malos espíritus que los propiciaban, anunciaban la tarde anterior el ayuno del día sucesivo, señalaban la hora de actos singulares y lanzaban una nota de alegría en las circunstancias solemnes de la iglesia o de carácter civil pero siempre de interés común, se trataba de un medio de comunicación. Todavía hoy en algunas fincas de Salamanca, aunque no disponen ya de capilla, mantienen la campana o campanas en uso para realizar avisos.


En los pueblos de Castilla y León además de convocar a misa sirven para anunciar la agonía y la muerte de un fiel, que los locales llaman encordar, varón, hembra (uno o dos toques al finalizar) o niño (toque especial), para que se rezase por su alma, funerales u otros actos religiosos, también para avisar a fuego, recaudación, terremotos, tormentas, ataques en tiempo de guerra, extravío en temporales u otros actos de la comunidad. Las torres son elementos de defensa y observación. El día anterior a una gran fiesta religiosa se tocaba a vísperas. Para llamar a la misa diariamente se usaba una esquila.


Las campanas eran el reloj de muchos vecinos, toque matinal, del Ángelus a las 12 del medio día, y por la noche, servía para marcar el tiempo de trabajo y descanso, y recordar a los ausentes.
En el reino de León, las campanas y pendones eran propiedad de los Concejos de vecinos, dado que ambos tenían funciones tanto civiles como religiosas, compartiendo su uso.

Siempre elevadas de la nave de la iglesia mediante torre o espadaña. Las torres cuadradas eran  más estables y con cuatro lados permiten hasta ocho claros y campanas diferentes cuando no más (lo vemos en Fuentesauco).En el periodo barroco se hacen salas de campanas con bóveda de piedra que permitía amplificar su sonido como si de una caja de resonancia se tratara.

Las espadañas son las más abundantes en la comarca, todas ellas diferentes, constan de un muro de gran espesor, siempre perpendicular y al pié la iglesia,  se reduce a medida que se eleva, cuanto más alta más lejos llega su sonido, con un número de claros variable, generalmente tres, dos ocupados por campanas de diferente tamaño y uno en otra altura libre para colocar otra menor.
Cada campana emite un sonido diferenciado,  facilitando la diversidad de de combinaciones con sus toques y tiempos, generando peculiares melodías.
Como la música, transmiten sentimientos y emociones a los vecinos y sobre todo a los nacidos o criados en el pueblo recuerdos que lo asocian a momentos importantes de sus vidas (fiestas, bodas,bautizos, comuniones, etc). Existía un campanero, cargo semejante al alguacil o al guarda, responsable de todos los toques necesarios y del cuidado y buen uso de las campanas.
  

La reciente reconstrucción de las campanas de Sanzoles hizo preciso bajarlas trasladarlas a la fundición, romperlas en pedazos y volver a fundirlas, conservando sus formas, dimensiones y espesores para conseguir el mismo sonido o afinación. repitiendo las inscripciones y dibujos que tenían. Las campanas ubicadas en los templos contienen comúnmente inscripciones con los donantes, fechas y sobre todo símbolos y cruces.

 El badajo de forja forma parte necesaria del instrumento por su modo y lugar de impacto y la cuerda para su manipulación, generalmente simultánea de las dos campanas.

Un motivo para reutilizar el bronce de la campana original es la relación de cobre y estaño  de su aleación. Además de la forma, distintas proporciones de los dos componentes condicionan su durabilidad y su sonido.
La causa fundamental por la que se puede romper una campana es un templado o mal enfriamiento en su fabricación. La variación de espesores supone diferentes temples y tensiones que si permanecen en la pieza, sometido a las condiciones extremas propias de la intemperie y  a los fuertes impactos en su toque, pueden llegar a romperla, momento en el que su sonido cambia radicalmente. Hasta la reparación reciente todos conocíamos el peculiar sonido de la campana rota de Sanzoles.

La fundición más tradicional de campanas es la denominada “a la arena”, también se pueden fundir campanas de menor tamaño “a la cera perdida” técnicas muy diferentes de conseguir que el bronce fundido adquiera la forma de un molde.

Las campanas eran fijadas por cuatro asas que permiten sujetarlas al yugo mediante elementos metálicos también forjados,  amarrados a maderos que unidos a un eje de giro y viguería contrapesan la campana para facilitar el volteo o vuelo, tanto en el simple balanceo como en su giro total con facilidad. En Sanzoles el yugo nuevo colocado a las campanas es de palastro, chapa de acero de gran espesor que soporta la intemperie mejor que la madera, manteniendo su forma y función, aseguradas con barrotes roscados al eje de giro que ahora tiene rodamientos para facilitar el movimiento sin dañar los apoyos en sus extremos.

La construcción de campanas era un oficio peculiar dentro del más genérico de fundidor.
Todavía se enseña fundición de bronce en las escuelas, utilizada fundamentalmente en la reproducción de esculturas.
Desde la milenaria cultura china se  emplean campanas pero probablemente fueron los romanos los que las difundieron en la península, utilizadas para todo tipo de convocatorias o llamadas, pasos de cortejos, organización de esclavos, termas, mercados y otros por su fuerte sonido y alcance.
En la iglesia, los tres toques se asocian a la Santísima Trinidad. La adoración en el acto de elevación durante la eucaristía. El toque suave y rápido del Sanctus de la entrada de Jesús en Jerusalén. Los tres toques suaves en la Comunión y otros más. Los repiques de campanas, ahora ejecutados casi todos los fines de semana, eran reservados para los días grandes.
 
                                         Campanario Carmelita en Salamanca. Dos espadañas y cuatro campanas.


EL LENGUAJE DE LAS CAMPANAS. GUILLERMO CARRIZO VARCARCE. FUNDACIÓN JIMÉNEZ DÍAZ. 2018, REV. 436

sábado, 11 de mayo de 2013

EL RETABLO MAYOR DE LA IGLESIA DE SANZOLES DEL VINO




La iglesia de Sanzoles presenta en su interior un retablo  apreciable que desde estas escasas líneas intentaremos explicar para su mejor comprensión.
Podemos afirmar que el retablo es anterior a la construcción de la iglesia.
La construcción de este tipo de retablos se sitúa entre el 1600 y el 1750, siendo levantada la iglesia ya en el siglo XIX como lo indica la portada norte.
Sin la consulta de archivos, que sería preceptivo, podemos suponer que este retablo procede de la anterior iglesia existente en el municipio (algunos documentos hablan de tres), con cabecera de menor tamaño.
Los retablos se constituyen cono un mueble para el culto en el que se ubican imágenes. Situado en el lugar más destacado, detrás del altar “retro tabulum” tabla posterior. Es en el barroco, siglos XVII y XVIII cuando evolucionan hasta llegar a su mayor profusión artística con los camarines como el de la iglesia de Bamba.
Los retablos fueron realizados de piedra, estuco, pero sobre todo de madera, que permitían gruesas tallas, ser pintados y dorados deslumbrando al espectador. Evolucionaron también reduciendo figuras y dando mayor protagonismo al manifestador que se eleva a la zona central, dando más importancia a la eucaristía.
La madera más común era el pino pero también se realizaban en castaño, nogal, roble, peral u otras maderas de la zona por su economía y mejor comportamiento.
La escasa luz que los iluminaba, cuando no eran velas, sus formas ondulantes y doradas, destellantes, sumergían al visitante en una atmósfera que colaboraba con la espiritualidad del discurso. La ilusión, teatralidad y los contrastes del barroco se consiguen con verdadero efectismo.

Los retablos barrocos constituyen una de las muestras más importantes del arte español de todos los tiempos, y a pesar de su descrédito con los ilustrados y los múltiples incendios, son muchos los que han llegado a nosotros. El Concilio de Trento vino a refrendar la importancia de las imágenes  que aproximan al orante a la religiosidad sin sustituir al representado.
El retablo de la iglesia de San Zoilo de Sanzoles del Vino, en Zamora, es de madera, churrigueresco, como todos estos retablos, se ordena arquitectonicamente en horizontal con el banco o predela, dos cuerpos y el ático. En vertical se dispone en tres calles.
El banco original no existe. Probablemente con la construcción de la nueva iglesia, se trasladaron los cuerpos superiores pero el banco, zona inferior hasta la altura del altar, no pudo recuperarse. El actual está construido de fábrica de ladrillo enfoscado y pintado, en fotos antiguas se puede apreciar que, aunque con pintura imitación a mármol negro, también era de mortero.

El primer cuerpo presenta cuatro plintos salientes, generando tres huecos rehundidos, en el central se ubica el sagrario, en los otros dos se disponen santos al nivel de la mesa.
Los plintos están decorados en la zona inferior con pequeño zócalo, y en la superior con filete de baquetón dorado, friso negro, con moldura dorada, cornisa corrida decorada en su parte inferior con ovas, también doradas, ménsula central y en los costados con decoración vegetal, calada, con colgante de hojas hacia el centro de la peana, apoyadas en placas recortadas sobre entrepaños rehundidos con moldura de cuarto de bocel dorada. El marco de las peanas es de color granate imitando los mármoles Rojo Emperador, y el fondo de los entrepaños y el frente y plano superior de  las cornisas en imitación del mármol negro.  

En el segundo cuerpo predominan las columnas salomónicas. Cuatro, destacan del conjunto por su tamaño, relieve acabado. Sobre basa ática, idéntica a la empleada por Bernini en el Baldaquino de Roma en 1630. El fuste negro entorchado que eleva al orante como la llama de una vela. Todo él decorado con vides pámpanos y racimos, que cuelgan maduros desde sus varas enrolladas llenas de hojas contorneadas y llamativas. La representación del paraíso y frutos que nos aportan el vino símbolo fundamental del cristianismo. Sobre el fuste, capitel corintio con entablamento, fino arquitrave rematado en moldura de talón decorada, friso con canecillos vegetales dorados, entrepaños pintados enmarcados en rojo y centro en negro. Cornisa con moldura de ovas doradas, voladizo en negro y fino cimacio de nuevo dorado.
 Las calles exteriores de este  cuerpo presentan hornacinas con arco de medio punto enmarcadas exteriormente con una moldura que parte el espacio entre los bordes exteriores y el nicho. En la zona inferior o peana se remata con moldura pintada en relieve de placas recortadas, y en la parte superior con un florón vegetal o mascarón florido. En la calle central se repite todo de mayor tamaño por tener mayor ancho que las laterales. En el nicho central se sitúa el patrono del pueblo.

Sobre la mesa, cubriendo el sagrario, un manifestador con columnas toscanas y arquitrave. El manifestador, neoclásico, austero,  aporta protagonismo al sagrario y a la eucaristía realzando este elemento sobre el resto de los que componen el retablo y sirve de peana al santo patrón.
Las tres hornacinas están marcadas en su parte curva por cuatro casetones la central y tres las laterales, pintados imitando mármoles. Los laterales también decorados con entrepaños. El fondo pintado. El central con cuatro ángeles querubines que rodean y admiran al santo. El arco del nicho central se remata lateralmente con dos columnas en estípite recto con motivos vegetales con su capitel. Se prolongan hacia el techo con moldura elaborada cerrando un plano pintado en imitación mármol rojo.
El tercer cuerpo o ático tiene el remate en cornisa sobre las columnas. El entrepaño alargado decorado con pintura de vegetales simétricos configurando una cenefa corrida. Al frente las peanas sobre columnas vuelven a tener marco rojo, entrepaño negro y apliques vegetales colgantes dorados. Sobre las columnas de los extremos, dos remates torneados con soles, símbolos celestiales y marianos.
El cuerpo central se eleva una altura más con columnas apilastradas en estípite, nuevamente pintadas enmarcadas en rojo e interior negro y sobre los tres lados apliques colgantes de frutos y hojas dorados.
En el centro un marco a tres lados, con lienzo de fondo en el que se representa Jerusalén con sus murallas.
El Cristo, símbolo de la Pasión. Cruz triunfante, de bulto y fondo de pincel. La hechura rústica, su rostro y cabeza, su tronco y piernas rectas, solo los pies cruzados para ser fijados con un solo clavo nos remite a su ubicación en fechas anteriores al siglo XVII por su rusticidad. Las desproporciones entre brazos, piernas y tronco son las propias utilizadas para compensar las deformaciones que provoca la visión de una talla ubicada en lo alto, quizás exageradas.
Las pilastras laterales se rematan con un nuevo entablamento sin friso y de menor tamaño en su parte superior que le da mayor realce al conjunto y potencia la sensación de altura. En la zona central y como remate un escudo flanqueado con grandes hojas doradas como orla que le confieren riqueza. En el centro del escudo un cordero pascual sobre un cojín. Símbolo de la eucaristía, de la liberación judía y festiva, pues los judíos en los banquetes comían sentados sobre cojines.
Sobre ellos una corona real y la bola del mundo rematada con una cruz. Reinado de Cristo sobre el orbe.
Este último tramo está rematado lateralmente con aletas también vegetales enroladas con dos pequeñas peanas donde parece faltar algún elemento de terminación.
El muro de la iglesia presenta en ambas esquinas dos pilastras de escasa altura rematadas con pequeñas ménsulas escalonadas que eran los arranques de un arco apuntado que enmarcaba (existen fotos donde aparece el arco) y complementaría el espacio existente entre el retablo y los muros laterales, ahora en blanco, que confirman la adecuación del retablo a este ábside cuadrado que configura la capilla mayor, característica en el arte Visigodo, en particular en San Pedro de la Nave. Se eleva el conjunto del retablo, altar y la eucaristía a la vista de los feligreses mediante una pequeña escalinata. Esta capilla es de menor anchura en el fondo que en la boca acentuando su profundidad al modo barroco de Borromini.

De todos modos es recomendable verlo.